Comunicados de Prensa
No.088/2006
México, D.F. a 30 de noviembre de 2006
EL PODER JUDICAL DE LA FEDERACIÓN RINDIÓ HOMENAJE AL MINISTRO JUAN DÍAZ ROMERO
• En sesión solemne, los Plenos de la SCJN, del CJF y de la Sala Superior del TEPJF, lo despidieron como integrante del Alto Tribunal.
• Los ministros, en emotivos discursos, destacaron su obra, sus atributos y cualidades.
Los Plenos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), así como la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, rindieron homenaje a Juan Díaz Romero, quien este día dejó su cargo como ministro del Alto Tribunal, al concluir su periodo constitucional.
En sesión solemne celebrada en la sede del máximo tribunal del país, los ministros destacaron su obra, exaltaron sus atributos y cualidades, y en la que el representante del Poder Judicial de la Federación (PJF), Mariano Azuela Güitrón, lo calificó como ejemplo vivo del Código de Ética que rige a quienes ejercen la función jurisdiccional.
Con la presencia de jueces, magistrados, ministros jubilados, familiares y amigos de Díaz Romero, congregados en el salón de Plenos del Alto Tribunal, cada uno de los ministros en funciones expresó palabras de despedida al oriundo de Putla, Oaxaca, y ferviente admirador del legado de Mahatma Gandhi.
“Hombre recto como pocos”, “tenaz en la defensa de sus criterios”, “el ministro más querido de México”, perteneciente a la “estirpe de los hombres predestinados a servir de modelo a los demás”, fueron sólo algunos de los calificativos vertidos por sus compañeros en la sesión solemne que enmarcó su despedida.
El ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano destacó el temple de Díaz Romero; el cual identifiqué antaño, por lo que expresan sus palabras. Le deseó que la vida le discurra como la ve: “sólo los nietos envejecen rápido.
El ministro José Ramón Cossío, a su vez, subrayó la experiencia acumulada por Díaz Romero, su trato extraordinariamente amable, su cualidad para imaginar los hechos objeto de disputa jurídica, su capacidad para identificar las consecuencias de las sentencias.
Afirmó que Díaz Romero no se va del todo, ya que deja un legado, que, en lo personal, le acrecienta la responsabilidad como ministro a partir de mañana.
La ministra Margarita Beatriz Luna Ramos exaltó el trabajo, sabiduría, sencillez, humildad, así como la conversación agradable que distingue al ministro Díaz Romero. También su capacidad de estudio y la trascendencia de sus criterios.
Dijo que Díaz Romero es fuerte sin violencia y sin cólera, capaz de comprender a unos y a otros, pero además de conciliar a todos. La imagen que nos deja, remató, es la de hombre bueno, excelente jurista y juzgador intachable.
“Mi amigo especial”, lo llamó el ministro Genaro David Góngora Pimentel; a pesar de haber sido juez, magistrado y ministro, bromeó, “siguió siendo buena persona”.
Sostuvo que Díaz Romero, quien recientemente cumplió 20 años como ministro del máximo tribunal del país, no conoce el odio, la envidia ni los malos deseos. Afirmó que su ausencia en la Corte deja un hueco grande y frío, sobre todo para él, ya que lo considera “amigo especial”.
Por su parte, el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo le agradeció su trato afable y disposición para ayudar a los demás, virtudes que le reconoció desde el momento de conocerse, en el año de 1971.
Dijo que uno de sus hábitos fundamentales es la administración del tiempo, atributo que le obliga a levantarse de la mesa a las 16:30 horas, para irse a estudiar los asuntos sobre de su ponencia.
El ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia dio lectura a una carta que recientemente le escribió. En ésta sostiene que Díaz Romero se retira de sus funciones en la Corte con honor, ya que cumplió a cabalidad las tareas bajo su responsabilidad.
En tanto, el ministro Sergio Valls Hernández le expresó su admiración por la templanza envidiable que posee para hacer prevalecer en todo momento la constitucionalidad.
Su nombre se agrega hoy, le expresó, al de hombres ilustres que han sido ejemplo a seguir por sus enseñanzas dejadas a su paso por el máximo tribunal del país.
La ministra Olga Sánchez Cordero, en su oportunidad, recordó el pasaje cuando visitó por primera vez la oficina del ministro Díaz Romero. Dijo que le llamó la atención del único cuadro que luce la oficina de éste: uno con la imagen de Mahatma Gandhi.
Luego de subrayar la fuerza del pensamiento del homenajeado y su humildad inusual en aquellas personas que ostentan tan altas responsabilidades, lo llamó alma grande; porque al igual que Gandhi, que puso en marcha nuevas formas de lucha, Díaz Romero plantea nuevas formas del ver el derecho.
El ministro Juan Silva Meza, por su parte, lo llamó ejemplo de congruencia, de actitud opuesta a la ostentación y cercana a la austeridad en toda ocasión. Juan, le dijo, debes estar plenamente satisfecho porque has caminado por la vida siempre haciendo el bien.
El presidente de la SCJN y del CJF, Mariano Azuela Güitrón, a su vez, dijo estar convencido de que si se busca a un servidor del PJF que en su cotidiana actuación refleje los principios que establece el código de ética judicial, ése es el ministro Díaz Romero.
“Ello explica el fenómeno que se produjo cuando se realizaron las reformas de 1994 al Poder Judicial de la Federación, en la que sólo nuestro homenajeado en ningún momento dejó de ocupar el más alto sitial de la justicia federal, o sea, el de ministro de la Suprema Corte…”, enfatizó.
Díaz Romero agradeció a los ministros las palabras que le expresaron; sin embargo, se dijo abrumado y cohibido, pues sostuvo que las cualidades mencionadas por sus compañeros no corresponden a las de su opinión.
“La verdad es que estoy muy lejos de encarnar esa entelequia aristotélica que mis buenos amigos han forzado a golpes de generosidad”, consideró.
Luego pronunció un amplio discurso en el que agradeció a los ex presidentes Miguel de la Madrid Hurtado y Ernesto Zedillo Ponce de León, por lo que llamó inmerecidas distinciones que le hicieron para proponerlo como ministro al Senado.
Agradeció a las personas que a lo largo de su carrera le extendieron la mano, y de manera especial se refirió a los juristas Raúl Carrancá y Trujillo, Celestino Porte Petit Candaudap, Ramón Franco Romero, Rubén Aguirre Elguezabal, Margarita Lomelí Cerezo, Francisco Xavier Cárdenas Durán y a Carlos del Río Rodríguez; también a José Castro Estrada y a Pedro Guerrero Martínez.
Dijo que su mayor anhelo a lo largo de su carrera judicial no es otro sino traspasar el patrimonio que le legaron sus maestros antes mencionados, a quienes fungieron como sus secretarios, actuarios y oficiales.
Ello, para que lo transmitan a otros jóvenes dentro de la cadena de buscar, a través del derecho, una justicia que la humanidad siempre persigue y que por ahora sólo se alcanza a cuentagotas o en dosis homeopáticas.
Ahora se ve lejana esa justicia, mientras subsista la insensibilidad para disminuir las abismales desigualdades que nos separan, y “mientras en los grupos dominantes de las naciones más poderosas no se imponga freno interno –moral o jurídico- a su afán de lograr sus intereses imponiendo su voluntad por la fuerza y atropellando instituciones nacionales e internacionales que tanto esfuerzo ha costado erigir y sostener”.
Durante la sesión solemne se transmitió el video Juan Díaz Romero: maestro, ministro y ser humano. Además, se le entregó el libro Los días humanos del ministro Juan Díaz Romero, un reconocimiento a su trayectoria, así como el Epistolario y libro Reseña sobre la obra jurisprudencial del señor ministro Juan Díaz Romero.
Asimismo, se informó que el ministro Díaz Romero fungirá como director del Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y de Promoción y Difusión de la Ética Judicial.
• Los ministros, en emotivos discursos, destacaron su obra, sus atributos y cualidades.
Los Plenos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), así como la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, rindieron homenaje a Juan Díaz Romero, quien este día dejó su cargo como ministro del Alto Tribunal, al concluir su periodo constitucional.
En sesión solemne celebrada en la sede del máximo tribunal del país, los ministros destacaron su obra, exaltaron sus atributos y cualidades, y en la que el representante del Poder Judicial de la Federación (PJF), Mariano Azuela Güitrón, lo calificó como ejemplo vivo del Código de Ética que rige a quienes ejercen la función jurisdiccional.
Con la presencia de jueces, magistrados, ministros jubilados, familiares y amigos de Díaz Romero, congregados en el salón de Plenos del Alto Tribunal, cada uno de los ministros en funciones expresó palabras de despedida al oriundo de Putla, Oaxaca, y ferviente admirador del legado de Mahatma Gandhi.
“Hombre recto como pocos”, “tenaz en la defensa de sus criterios”, “el ministro más querido de México”, perteneciente a la “estirpe de los hombres predestinados a servir de modelo a los demás”, fueron sólo algunos de los calificativos vertidos por sus compañeros en la sesión solemne que enmarcó su despedida.
El ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano destacó el temple de Díaz Romero; el cual identifiqué antaño, por lo que expresan sus palabras. Le deseó que la vida le discurra como la ve: “sólo los nietos envejecen rápido.
El ministro José Ramón Cossío, a su vez, subrayó la experiencia acumulada por Díaz Romero, su trato extraordinariamente amable, su cualidad para imaginar los hechos objeto de disputa jurídica, su capacidad para identificar las consecuencias de las sentencias.
Afirmó que Díaz Romero no se va del todo, ya que deja un legado, que, en lo personal, le acrecienta la responsabilidad como ministro a partir de mañana.
La ministra Margarita Beatriz Luna Ramos exaltó el trabajo, sabiduría, sencillez, humildad, así como la conversación agradable que distingue al ministro Díaz Romero. También su capacidad de estudio y la trascendencia de sus criterios.
Dijo que Díaz Romero es fuerte sin violencia y sin cólera, capaz de comprender a unos y a otros, pero además de conciliar a todos. La imagen que nos deja, remató, es la de hombre bueno, excelente jurista y juzgador intachable.
“Mi amigo especial”, lo llamó el ministro Genaro David Góngora Pimentel; a pesar de haber sido juez, magistrado y ministro, bromeó, “siguió siendo buena persona”.
Sostuvo que Díaz Romero, quien recientemente cumplió 20 años como ministro del máximo tribunal del país, no conoce el odio, la envidia ni los malos deseos. Afirmó que su ausencia en la Corte deja un hueco grande y frío, sobre todo para él, ya que lo considera “amigo especial”.
Por su parte, el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo le agradeció su trato afable y disposición para ayudar a los demás, virtudes que le reconoció desde el momento de conocerse, en el año de 1971.
Dijo que uno de sus hábitos fundamentales es la administración del tiempo, atributo que le obliga a levantarse de la mesa a las 16:30 horas, para irse a estudiar los asuntos sobre de su ponencia.
El ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia dio lectura a una carta que recientemente le escribió. En ésta sostiene que Díaz Romero se retira de sus funciones en la Corte con honor, ya que cumplió a cabalidad las tareas bajo su responsabilidad.
En tanto, el ministro Sergio Valls Hernández le expresó su admiración por la templanza envidiable que posee para hacer prevalecer en todo momento la constitucionalidad.
Su nombre se agrega hoy, le expresó, al de hombres ilustres que han sido ejemplo a seguir por sus enseñanzas dejadas a su paso por el máximo tribunal del país.
La ministra Olga Sánchez Cordero, en su oportunidad, recordó el pasaje cuando visitó por primera vez la oficina del ministro Díaz Romero. Dijo que le llamó la atención del único cuadro que luce la oficina de éste: uno con la imagen de Mahatma Gandhi.
Luego de subrayar la fuerza del pensamiento del homenajeado y su humildad inusual en aquellas personas que ostentan tan altas responsabilidades, lo llamó alma grande; porque al igual que Gandhi, que puso en marcha nuevas formas de lucha, Díaz Romero plantea nuevas formas del ver el derecho.
El ministro Juan Silva Meza, por su parte, lo llamó ejemplo de congruencia, de actitud opuesta a la ostentación y cercana a la austeridad en toda ocasión. Juan, le dijo, debes estar plenamente satisfecho porque has caminado por la vida siempre haciendo el bien.
El presidente de la SCJN y del CJF, Mariano Azuela Güitrón, a su vez, dijo estar convencido de que si se busca a un servidor del PJF que en su cotidiana actuación refleje los principios que establece el código de ética judicial, ése es el ministro Díaz Romero.
“Ello explica el fenómeno que se produjo cuando se realizaron las reformas de 1994 al Poder Judicial de la Federación, en la que sólo nuestro homenajeado en ningún momento dejó de ocupar el más alto sitial de la justicia federal, o sea, el de ministro de la Suprema Corte…”, enfatizó.
Díaz Romero agradeció a los ministros las palabras que le expresaron; sin embargo, se dijo abrumado y cohibido, pues sostuvo que las cualidades mencionadas por sus compañeros no corresponden a las de su opinión.
“La verdad es que estoy muy lejos de encarnar esa entelequia aristotélica que mis buenos amigos han forzado a golpes de generosidad”, consideró.
Luego pronunció un amplio discurso en el que agradeció a los ex presidentes Miguel de la Madrid Hurtado y Ernesto Zedillo Ponce de León, por lo que llamó inmerecidas distinciones que le hicieron para proponerlo como ministro al Senado.
Agradeció a las personas que a lo largo de su carrera le extendieron la mano, y de manera especial se refirió a los juristas Raúl Carrancá y Trujillo, Celestino Porte Petit Candaudap, Ramón Franco Romero, Rubén Aguirre Elguezabal, Margarita Lomelí Cerezo, Francisco Xavier Cárdenas Durán y a Carlos del Río Rodríguez; también a José Castro Estrada y a Pedro Guerrero Martínez.
Dijo que su mayor anhelo a lo largo de su carrera judicial no es otro sino traspasar el patrimonio que le legaron sus maestros antes mencionados, a quienes fungieron como sus secretarios, actuarios y oficiales.
Ello, para que lo transmitan a otros jóvenes dentro de la cadena de buscar, a través del derecho, una justicia que la humanidad siempre persigue y que por ahora sólo se alcanza a cuentagotas o en dosis homeopáticas.
Ahora se ve lejana esa justicia, mientras subsista la insensibilidad para disminuir las abismales desigualdades que nos separan, y “mientras en los grupos dominantes de las naciones más poderosas no se imponga freno interno –moral o jurídico- a su afán de lograr sus intereses imponiendo su voluntad por la fuerza y atropellando instituciones nacionales e internacionales que tanto esfuerzo ha costado erigir y sostener”.
Durante la sesión solemne se transmitió el video Juan Díaz Romero: maestro, ministro y ser humano. Además, se le entregó el libro Los días humanos del ministro Juan Díaz Romero, un reconocimiento a su trayectoria, así como el Epistolario y libro Reseña sobre la obra jurisprudencial del señor ministro Juan Díaz Romero.
Asimismo, se informó que el ministro Díaz Romero fungirá como director del Instituto de Investigaciones Jurisprudenciales y de Promoción y Difusión de la Ética Judicial.