Comunicados de Prensa
No.045/2004
México, D.F. a 9 de noviembre de 2004
PRESENTA SCJN, CJF Y TEPJF CÓDIGO DE ÉTICA DEL PODER JUDICIAL DE LA FEDERACIÓN
Los plenos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), del Consejo de la Judicatura Federal (CJF) y de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) presentaron hoy el Código de Ética del Poder Judicial de la Federación, en el que se establecen principios rectores fundamentales, para garantizar que la justicia sea impartida por personas en las que se sumen la confianza y la calidad técnica y ética.
En representación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro Guillermo I. Ortiz Mayagoitia expresó que la aparición de este Código no significa que antes de él los juzgadores carecieran de ética ni que fueran ajenos a estos principios, pues ética, valores y principios siempre los ha habido en el Poder Judicial de la Federación.
Este documento, manifestó el ministro Ortiz Mayagoitia, no es respuesta a alguna problemática particular de estos tiempos, sino la culminación de un proyecto que surgió hace siete años, y de la inquietud compartida por la comunidad judicial iberoamericana, cuyo fin es el logro de una mejor impartición de justicia en cada país.
En su intervención, el representante del Poder Judicial de la Federación, ministro Mariano Azuela Güitrón, expresó que hoy el PJF cuenta con un documento que será la expresión cotidiana en todas las decisiones y sentencias que emitan los juzgadores.
El reto, dijo, es contribuir -a través del Código de Ética-, a contar con una impartición de justicia completa e imparcial que cumpla con los postulados del artículo 17 constitucional.
El Código de Ética del Poder Judicial de la Federación establece que atendiendo a la obligación de actualizar sus sistemas de trabajo y actitudes frente a las exigencias que imponen las innovadoras transformaciones sociales, el PJF ha considerado de gran utilidad que existan referentes éticos que identifiquen la función jurisdiccional.
Sobre todo porque en los últimos años se ha registrado un incremento de los litigios en los órganos de administración de justicia, lo que ha evidenciado la judicialización de los diferendos sociales y ha hecho patente la confianza social depositada en los tribunales, así como también la importancia de la actividad jurisdiccional.
En este quehacer lo que debe imperar en el juzgador es un sentido ético que equilibre el poder que el Estado deposita en su persona, para que al conocer de los procedimientos emita sus resoluciones conforme a la técnica jurídica y los principios éticos, procurando ser justo desde el derecho.
El Código de Ética se divide en cinco capítulos: en los cuatro primeros se definen los principios rectores fundamentales que deben regir la conducta de los juzgadores que integran el Poder Judicial de la Federación, como son independencia, imparcialidad, objetividad y profesionalismo.
En el capítulo quinto, bajo el rubro denominado excelencia, se establece una serie de virtudes judiciales que en su conjunto conforman el perfil ideal de un buen juzgador.
El Código de Ética es un instrumento flexible, que constituye un punto de partida para la reflexión ética personal de cada juzgador y no un catálogo exhaustivo de deberes morales. Su función es ayudar a los juzgadores a resolver los conflictos éticos que con motivo de su trabajo se les presenten.
El ministro Guillermo I. Ortiz Mayagoitia, luego de hacer una relatoría sobre los trabajos de la Comisión de Redacción, desde 1999 a la fecha, puntualizó que en las características esenciales del Código se apela a los valores, reglas y principios asumidos por los jueces de antes y de ahora, que continuarán vigentes porque constituyen innegables aspiraciones universales.
Los principios fundamentales, dijo, se refieren a la independencia, imparcialidad, objetividad, profesionalismo y excelencia, mismos que resultan de gran importancia porque ni la Constitución ni la ley los define; de manera que en el ámbito ético el Código les da contenido sin demérito con el sentido jurídico que les ha otorgado el Poder Legislativo.
Para el magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Luis de la Peza Muñozcano, cada vez se hace más necesario que el Poder Judicial de la Federación asuma que su desempeño debe ser cada día más virtuoso para fortalecer la confianza de los justiciables y de la sociedad, circunstancia que contribuirá en gran medida a la estabilidad política y a la paz social del país.
Por ello, hizo hincapié en que los juzgadores deben emitir sus fallos exclusivamente por las razones que el derecho le suministra y no por las que se deriven de su modo personal de pensar o sentir, “de ahí que deberá emitir su juicio con serenidad de ánimo y equilibrio interno, a fin de que sus decisiones estén desprovistas de aprensiones y prejuicios, defectos mancomunes en lo seres humanos”, externó.
En su oportunidad, el consejero de la Judicatura Federal, Jaime Manuel Marroquín Zaleta, resaltó que el juez que realiza su trabajo con independencia, imparcialidad, objetividad y profesionalismo, no sólo cumple un deber jurídico, sino también un imperativo ético; pero quien no cultiva las virtudes judiciales no puede ser un buen juez.
Indicó que hablar de ética equivale a hablar de justicia, ya que las relaciones armónicas entre las personas sólo pueden constituirse cuando se respeta lo que a cada uno le corresponde, conforme al principio de que todos somos iguales en dignidad.
El ministro jubilado, Diego Valadés Ríos, refirió que la complejidad de la vida social, los avances del conocimiento científico y las exigencias ciudadanas de mejor calidad de vida y mayor control sobre el poder, confieren una especial magnitud a los problemas éticos y jurídicos de los tiempos actuales.
El Poder Judicial Federal, dijo, está poniendo un ejemplo con el código que ha adoptado, no como una imposición para los juzgadores, ya que ha sido elaborado sobre la base de las propuestas, experiencias y convicciones de los miembros de la judicatura federal.
Indicó que no se trata de reglas nuevas que les sean ajenas; lo que se ha hecho es sistematizar, asumir y enfatizar un compromiso público, y de proclamarlo con la certidumbre de que será honrado.